Emprendimientos Rurales

El escenario continental y nacional ha cambiado, el fin de ciclo económico de una relativa bonanza por altos precios del petróleo y de las materias primas agrícolas, ha traído aparejado un deterioro de los indicadores sociales, tanto de desempleo como de pobreza, (en Ecuador, la pobreza rural ha vuelto a niveles del 40% para diciembre de 2018, según el INEC) y con la crisis económica y social se ha experimentado también una transición política.

 

En ese entorno, el sector agropecuario ecuatoriano y en especial, la agricultura familiar, se han visto también afectados; a los problemas estructurales de baja competitividad, inadecuada comercialización y falta de acceso a financiamiento, se suma la disminución de los apoyos estatales, a nivel de investigación, producción, crédito, compras públicas, infraestructuras, que a su vez ahondan la crisis en una dinámica de círculo vicioso, generador de pobreza.

La crisis golpea como siempre con mayor dureza a los sectores más vulnerables, entre ellos la agricultura familiar y a los jóvenes rurales, muchos de los cuales, no son propietarios de parcelas por lo que se les dificulta más el acceso al crédito, y tampoco lo tienen fácil para continuar estudios universitarios, siendo su horizonte de trayectoria de vida ser mano de obra familiar no remunerada a la espera de recibir en herencia un pedazo de tierra, generación tras generación más pequeño que la de la precedente, o encontrar empleo precario como jornaleros con baja cualificación, o migrar a ciudades intermedias o grandes urbes, para engrosar las estadísticas del subempleo informal.

 

En ese contexto, han surgido una serie de emprendimientos, movidos por la necesidad de sobrevivencia, pero también gracias a la creatividad de los jóvenes rurales, que en una situación económica y social compleja buscan salidas para realizarse como individuos y poder levantar proyectos familiares de vida.

A tono con las transformaciones rurales, caracterizadas por la urbanización del medio rural, la migración a las ciudades, el envejecimiento y despoblamiento de ciertas zonas, la diversificación de actividades y la industrialización de la agricultura, teniendo como telón de fondo la globalización y con ella la competencia tanto en los mercados domésticos y en los de exportación, y por otro lado el potenciamiento de los productos y servicios con identidad cultural territorial, se observa una variada gama de emprendimientos, liderados por jóvenes rurales, algunos con carácter individual, otros familiar y otros auspiciados por asociaciones de productores y ONGs, como parte de procesos de “relevo generacional”.

El Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural- Rimisp ha elaborado una clasificación de los emprendimientos rurales, en cuatro grandes categorías, desde los más tradicionales en actividades agrícolas y pecuarias, pasando por los de procesamiento de alimentos o productos agroindustriales, los de turismo, artesanía y gastronomía, hasta servicios rurales no agrícolas.

De los talleres y foros, que coordina el Rimisp, en el marco del Proyecto Grupo de Diálogo Rural de Ecuador (GDR-Ecuador), cofinanciado por el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), se desprende que, los principales factores para la viabilidad y sostenibilidad de estos emprendimientos, y por ende las necesidades de apoyo crítico radican, en la articulación a mercados para una comercialización estable que empate la oferta con la demanda, la asistencia técnica para la mejora de productos en procesamiento, envases, etiquetado, certificaciones, así como para costeo, planes de negocio y marketing y en tercer término el financiamiento.

Desde la perspectiva de las políticas públicas, el foco de atención ha sido el acceso créditos, desde microcréditos hasta financiamientos del orden de los quince mil dólares por emprendimiento, sin embargo, cuando se consulta con los emprendedores, no es que no aparezca la demanda de crédito, sino que al financiamiento le debe preceder la articulación a mercados y el desarrollo del producto o servicio para que la oferta en volumen y calidad empate con las exigencias de la demanda y se puedan cerrar brechas.

Todas las previsiones, tanto del Fondo Monetario Internacional (FMI), como del Banco Mundial (BM), de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) o del mismo gobierno plantean un escenario de exiguo crecimiento económico o de decrecimiento según sea la fuente, por lo que es muy probable que la crisis económica, con su impacto social y un clima de conflictividad política se mantengan o agraven. En esa circunstancia, los emprendimientos de los jóvenes rurales ya no son tan solo una alternativa de sobrevivencia sino una necesidad para paliar los efectos de la crisis y un aporte para su superación.

 

Prestar atención, otorgarle prioridad a los apoyos en las áreas clave de articulación a mercados, desarrollo de productos y financiamiento, con instrumentos de política adecuados a la realidad de los emprendedores rurales, en especial de los jóvenes, se muestra como las medidas correctas que faciliten el surgimiento y prosperidad de
estas iniciativas.
El Rimisp en conjunto con los demás actores del Grupo de Diálogo Rural de Ecuador vienen impulsando como aliados estratégicos las actividades de la Red Nacional de Jóvenes Emprendedores Rurales (Renajer), gestada al calor del diálogo con estos actores sociales, y que se va convirtiendo en un interlocutor frente al Estado central, para plantear sus análisis de los problemas y propuestas de soluciones. y otros auspiciados por asociaciones de productores y ONGs, como parte de procesos de “relevo generacional”

Econ. Ney Barrionuevo J.
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